Gran debate. (Qué es la perfección. ¿Dios? ¿Ella? Complicada pregunta, que es mejor dejar estar.) No me cansaba de oír sus historias, sus descripciones o sus propias palabras, aun siendo citadas por otra persona. ¿Llegaría el día? Sí. Ese era el día. Durante un café mañanero, en un bar de la zona. Ahí estábamos yo, mi café y mi paquete de Marlboro. Yo miraba a la calle, dándole unas caladas al último cigarro, y en ese momento, flipé. Se abrio la puerta y eché un ojo, un ojazo de abajo a arriba, como en las pelis, a esa figura desconocida que, joder, que perfección. Era ella. Aquella Diosa que no existía y aquella mujer que se había ido. De un vistazo, me había aprendido sus lunares, y los que quedaban por ver, y sus curvas, perfectas como ella. Me acerque elegantemente, demostrando que era un tipo con clase. No la iba a hacer el feo de no conocer a este precioso caballero. Que mujer... Que musa... Y esa misma noche, ya me había aprendido todos sus lunares y cada una de sus curvas, y mi cama, ella y yo, vivimos felices durante una noche, y las que quedaban...
miércoles, 21 de mayo de 2014
Diosas que seducen.
Decían que no existía, que era como una Diosa de esas de cualquier mitología extraña. También decían que no estaba, que nunca había estado, y creían que se había ido. Decían demasiadas cosas, todas calumnias, obviamente. ¡Joder!, yo solo pensaba en ella, ansiando verla de arriba a abajo, o de abajo a arriba, como esos planos que hacen en las películas cuando aparece una tia de esas que valen, pues igual. Lentamente, apreciando cada curva y cada lunar, cada cicatriz y cada imperfeccion, porque, coño, no era perfecta... O sí.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario