viernes, 21 de agosto de 2015

El Tiempo

Por más que pienso no se me ocurre otro motivo por el que todos queramos vivir; no se me ocurre un miedo mayor; no se me ocurre nada más grandioso:
que el Tiempo.
Avanza pero no retrocede, se pierde pero no se encuentra y falta pero nunca sobra.
Él existe.
Él se da a sí mismo el motivo para existir; se da a sí mismo el poder de ser el Tiempo, ese poder que todo humano ansía.

Pero no, no funciona así.
El Tiempo fluye, pasa, sobra, falta, avanza y nos permite existir, porque solamente es, y digo solamente, una fuerza suprema.

Reflexionemos: ¿Qué sería de una persona que vive, desde y hasta el infinito?
Y sobre todo, 
¿qué sería del Tiempo, si él mismo no existiera? 
¿y que sería de nosotros sin el Tiempo?
Yo lo pienso. Yo sufro pensándolo, sufro intentando hallar respuesta de esas preguntas que no la tienen. 
Aun así, me lo imagino: un mundo sin Tiempo... o incluso un mundo en el que cada persona, cada habitante, tuviese el poder del Tiempo. Es difícil imaginar y visualizar el hecho de tener un poder que no somos capaces de entender. Una realidad, o sueño, que no hemos sido capaz de comprender y por tanto, un fenómeno (por asignarle algún término a tal incompresible "cosa"), que dibujamos y definimos desde la ignorancia.
Porque: todo esto puede ser, simplemente, un reloj de arena en el que cada uno de nosotros seamos cada uno de los granos que se precipitan por él, que mueren.

Tan incompresible el Tiempo...
tan devastador;
tan poderoso que...
nos da la Vida.

F.


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