Es un suspiro, un grito
o un alma rota.
Es un tú o un yo,
no un nosotros.
Solo me rompo entre los pedazos
que quedaron de mí ayer,
que no conseguí soldar,
y vuelan en el viento.
Pero volar es cosa de ángeles,
o cosa de sueños perdidos,
o cosa de saber hacerlo;
y yo sabía;
me robaste mi ser.
Al menos sé
que cada lágrima que recorre mis mejillas no merece la pena,
es lo único que sé,
y lo único que quiero saber.
Es el agua que me mantiene vivo,
y lo que tiene ser incomprendido,
que siempre estarás solo,
pero siempre te tendrás a ti,
a mí.
Y ese puñal que atravesaba mi dolor,
el mismo que desenmascaraba todos mis miedos, y todo mi amor,
fue el puñal de la verdad,
a la que tanto temía.
Nunca digas nunca, me dijeron,
pero el nunca no llegó y me dijeron que siempre llega;
hasta tus nuncas y tus siempres me dejan plantado,
y mi alma suicida renace,
cuando pretendo matarla.
No somos más que almas,
que vagan por el mundo en busca de una que nos ame,
sin buscar a una a la que amar.
Y en este puñetazo de jodida inspiración,
me quedo roto en mi cama, tumbado,
sin saber por qué estos versos han salido de mi cabeza,
sin saber en qué pienso ni en qué pensabas,
cuando todo;
cuando nunca;
cuando ahora,
murió.
F.
F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario